Ciertos estudios muestran que se necesita en torno a las 11 semanas (o tres meses) para poder ver la ruptura de forma más positiva, para poder encaminar nuestra visión al respecto. Ante todo, cada persona es un mundo y cada uno necesita sus propios tiempos. Ante ello, existen una serie de pautas que pueden ayudarnos, como ya comentamos en la entrada de “Ruptura Parte I: El Duelo y sus Efectos”:

1. Aceptar la ruptura y hacernos cargo de nuestros sentimientos.

Al pasar por una ruptura pasamos de igual modo por un duelo, algo contradictorio porque, en contraposición con la muerte de un ser querido, la persona sigue ahí: podemos verla, podemos llamarla, podemos oírla…, pero no está para nosotros de la misma manera que estaba. Y como todo duelo, todo lleva unos pasos. Por ello, un paso importante se considera aceptar que la relación se ha acabado, aceptar lo que ha pasado y reconocer lo que nos hace sentir: rabia, pena, dolor, etc. Aceptarlo, asumirlo y sentirlo, para así poder dejarlo ir.

2. Tomarnos tiempo para hablar de lo que nos duele.

Del mismo modo que tenemos que aceptar lo que ha pasado, tenemos que sentirlo. Y cuando asumimos los sentimientos que suscitan en nosotros el proceso de la ruptura, es importante poder hablarlo. Al hablar y verbalizar nuestros sentimientos suceden varias cosas: La primera es que podemos encontrar consuelo y apoyo en las personas que nos rodean y nos quieren, pueden darnos ese abrazo cuando lo necesitemos o hacernos sentir que es completamente normal sentirnos mal y estar sufriendo con la situación, pudiendo fortalecer nuestra red de apoyo y nuestra confianza en ellos; por otro lado, al verbalizar lo que nos duele lo convertimos en algo real, esto no significa que no lo sea desde un principio, pero tendemos a no asumirlo desde el inicio pensando que puede ser algo que no ha sucedido o que puede cambiar. Sin embargo, cuando lo hablamos se convierte en real independientemente de lo que suceda después y nos ayuda con el proceso de aceptación, así como que nos proporciona una vía de escape del dolor, nos da un respiro y nos ayuda con el desahogo emocional.

Por el contrario, nuestro circulo o sistema de apoyo pude proporcionarnos espacio tanto para el desahogo como para desviar el tema en otros que hagan que no nos regocijemos en el dolor, que nos evadan y no nos hagan mantener constantemente la herida de la ruptura abierta. En el equilibrio está lo positivo.

3. Mantener nuestra mente ocupada.

Al igual que es importante poder tener una buena red de apoyo con la que desahogarnos cuando lo veamos necesario, es importante poder mantener nuestra mente ocupada. Nuestra vida no termina con la ruptura. Si mantenemos nuestra mente ocupada, si hacemos cosas que nos llenan, como ir al cine, quedar a tomar un café con nuestros amigos, ir a nadar, etc., cualquier cosa que suponga una desconexión, podremos volver a encontrar en nosotros mismos esos sentimientos de valía que ciertas rupturas nos dejan, podemos tomar ese impulso necesario para continuar nuestra vida. La pena nos va a acompañar un tiempo, pero no podemos dejar que esa pena nos domine.

Así mismo, se ha comprobado que en situaciones como estas, donde el ánimo decae y somos más propensos a tener estados de ánimo depresivos, realizar actividades tales como el ejercicio físico es beneficioso, ya que disminuye los niveles de angustia y proporciona endorfinas que ayudan a equilibrar nuestra química cerebral.

4. Tener 0 contacto con nuestra expareja.

No intentes quedar bien con tu expareja, no siempre es lo importante. Depende mucho del tipo de relación que hayáis tenido y del porqué de la ruptura, pero si no te hace sentir bien no quieras ser su amigo/a, no en un futuro próximo al menos. Romper una relación y querer tener una amistad después es un proceso difícil y, muchas veces, doloroso. No te fuerces. No importa si crees que podéis ser muy buenos amigos porque, probablemente, ese pensamiento esté suscitado por querer mantener en tu vida a esa persona sin llegar a asumir del todo que la relación se ha terminado. Mantener una relación de amistad generalmente provoca que, consciente o inconscientemente, mantengamos a su vez la esperanza de que la relación se puede recomponer, que se pueden solucionar las diferencias y que se puede continuar en un futuro con la relación, y esto es un error. Con el tiempo, acabamos viendo que la relación actual no es lo que esperábamos y acabamos sufriendo más, frustrándonos por ver que nuestras expectativas no se cumplen, o acabamos prolongando el dolor de la ruptura.

Por ello, cuando la ruptura está siendo un proceso complicado, es importante no sentirnos mal si decidimos dejar de seguir a nuestra expareja en redes sociales, si decidimos borrar (o guardar) las fotos y/o recuerdos que tenemos con la persona y si tomamos la determinación de borrar su número para no tener la tentación de llamarle. A veces, es necesario hacerlo. Aunque sea doloroso, puede ser más doloroso mantener todos los recuerdos con nosotros y, dejar de tener contacto de cualquier modo con nuestra expareja, a la larga ayuda a sanar el dolor. Sin embargo, mantener una relación del tipo que sea con nuestra pareja puede provocar que no avancemos en el duelo por esa ruptura, hasta el punto que, algunos expertos recomiendan que, se debe estar hasta seis meses sin saber nada de la otra persona para no dificultar este proceso. Una vez sane la herida, se puede volver a plantear la idea de querer o no formar parte de la vida de la otra persona. Hasta entonces, prioricémonos.

5. Llora todo lo que necesites.

Las lágrimas actúan como un analgésico natural. En estos momentos de dolor, es común que sintamos la necesidad de expresarlo llorando. Hazlo. Puede que sintamos como síntoma de debilidad o pérdida de integridad, entre otras cosas, el hecho de ponernos a llorar cuando estamos pasando por una ruptura. Sin embargo, si no lloramos cuando lo necesitamos, podemos aumentar los sentimientos negativos y la rumiación, no liberamos el dolor y no permitimos su paso, dificultando la aceptación y el desahogo y retrasando el duelo y el momento de dejar ir la relación y la persona, no liberándonos del dolor y de una relación que ya no existe. Pero si sentimos la necesidad de llorar, aceptémosla y hagámoslo. Es un punto necesario para la aceptación de la situación y nos ayuda a que poco a poco vaya dejando de doler (entre otras cosas, gracias a la acción analgésica de las propias lágrimas), acelerando así el proceso de duelo.

6. Escribe: en notas, en un cuaderno, un diario…

Si lo necesitásemos, podemos ir escribiendo nuestros sentimientos cada vez que lo consideremos necesarios para desahogarnos. Pueden sobrepasarnos los momentos de dolor, de frustración, los reproches que no llegamos a hablar con nuestra expareja, etc., incluso podemos sentirnos aturdidos por la situación. Por ello, expresar nuestras emociones y pensamientos de forma escrita, ayuda a recalibrar la situación, ayuda a ordenar nuestros pensamientos y nos ayuda a desahogarnos –sin necesidad de expresar nuestro dolor a nuestra expareja, lo cual puede provocar un conflicto que se perpetúe en el tiempo-. Por lo tanto, este paso puede servirnos como vía de escape ante las emociones negativas que no queremos compartir o que consideramos que es mejor no hacerlo. Al mismo tiempo, aumentamos el procesamiento cognitivo, aumentando emociones positivas tales como empoderamiento, felicidad, optimismo, comodidad, confianza, alivio, agradecimiento y satisfacción, reduciendo así síntomas depresivos que pueden darse en este proceso.

7. No busques a alguien a quien culpar.

No sirve de nada pensar en quién lleva la culpa, eso sólo lleva a fomentar el estado depresivo de la ruptura y a engañarnos con historias que pueden no ser ciertas. Sí que podemos  intentar comprender qué es lo que ha pasado, qué es lo que ha llevado a que la relación se haya roto y qué es lo que no nos ha gustado o querríamos cambiar respecto a futuras experiencias, a modo de aprendizaje. Pero no te martirices. Sea como fuere, sea por la razón que sea, no busques más explicaciones que las que puedes tener, porque lo cierto es que la relación ha terminado, y ninguna otra explicación va a cambiar ese hecho. Podéis responsabilizaros los dos de esa ruptura, puede ser decisión de una de las partes o puede haber existido algún tipo de deslealtad, pero más allá de comprender la situación, no es necesario buscar culpables, y más donde no los hay. Dejemos marchar a esa persona, aceptemos la situación e intentemos recomponernos.

8. Un clavo NO saca otro clavo.

Cuando tomamos la determinación de empezar una relación nueva, debemos tener claro de que ésta no supone un parche con respecto a la relación que hemos dejado atrás –como suele pasar con las relaciones esporádicas–. Por ello, se suele aconsejar no comenzar pronto una relación nueva: con probabilidad no va a tener éxito. El hecho tiene su explicación en que, cuando somos nosotros los que tomamos la iniciativa de romper nuestra relación, si comenzamos de forma muy seguida otra, puede que no estemos dejando espacio al proceso de duelo, dificultando la entrega emocional total hacia nuestra nueva pareja y quedándonos enganchados a situaciones pasadas y a expectativas de nuestra relación anterior. Por el contrario, cuando nos han dejado probablemente no queramos comprometernos con otras personas ya que nuestro foco de atención va a seguir durante un tiempo en nuestra expareja.

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