La definición de ruptura es imposible entenderla sin destacar el concepto de pareja. Existen muchas definiciones de diversos autores, pero todas destacan en que es una unión de dos personas, dos personas que viven ciertos pasos de forma entrelazada, dos personas que comparten su vida. Por ello, la ruptura de una relación de pareja se puede considerar la propia ruptura de ese vínculo, la división de esa unión.

Cada ruptura es una historia. Cada ruptura es un mundo. El cómo nos afecte depende de muchos factores: de la edad, del tipo de relación que hayamos tenido, del grado de compromiso, de porqué se ha tomado la decisión de terminarla, de las expectativas que tengamos con el proceso y de nuestras propias características personales, entre otras cosas. Cuando terminamos la relación con la que era nuestra pareja, todos los planes de futuro que teníamos –y en los que contábamos con él o ella– se desmoronan, y todas las experiencias vividas se empiezan a añorar. Tenemos que reconstruirnos, tenemos que empezar a volver a ver nuestra vida sin esa persona y acostumbrarnos a avanzar sin ella. Nunca es un proceso fácil. Y este proceso, considerado un duelo, tiene las siguientes etapas: negación, negociación, enojo, depresión y  aceptación.

El duelo, el cual se da al romper una relación, consta de las etapas de negación, negociación, enfado, depresión y, finalmente, aceptación.

Así mismo, se puede dar como consecuencia pérdida de autoestima, pensamientos reiterados y una dificultad general para recuperar el bienestar general.

¿Qué efectos tiene una ruptura en nosotros?

Las rupturas se consideran un factor precipitante de estrés físico y emocional que, de forma curiosa, puede llegar incluso a darse en Síndrome del Corazón Roto, que se define por un falso ataque cardíaco asociado a las rupturas y que, curiosamente, se da de forma mayoritaria en mujeres. Así mismo, se asocia incluso con el cambio del sistema inmune del cuerpo humano.

Aun así, es destacable el hecho de que varios autores asocian el bajo concepto de uno mismo con la dificultad para recuperar el bienestar general después de la ruptura. También, se asocia a esa dificultad la duración de la relación, ya que contra más tiempo hayan pasado juntos, más recuerdos se tienen y más difícil es evitar recordarlos. Sin embargo, las personas se recuperan mucho mejor cuando son quienes toman la determinación de terminar la relación, cuando poseen un buen apoyo familiar/social y cuando se deja de tener contacto con la expareja. Por el contrario, las personas que son dejadas suelen sentir más emociones de depresión, pérdida de autoestima y pensamientos reiterados sobre la situación.

Ante esta situación, existen una serie de pautas que podemos tomar en consideración para sobrellevar mejor el duelo. Llorar cuando lo necesitemos, aceptar los sentimientos que suscita la ruptura, mantener la mente y nuestro tiempo ocupado o no tener contacto con nuestra expareja, son aspectos que se deberán tener en cuenta a la hora de afrontar la ruptura, los cuales explicaremos mejor en las siguientes entradas sobre la ruptura.