¿Tiene la orientación sexual un componente genético? ¿Existe una cierta predisposición desde la formación del feto? ¿Es, por contra, un proceso exclusivamente cultural? 

Sí a todo y no a nada. 

La interacción genética-ambiente y el peso que cada una tiene en las diferentes conductas, sexual en este caso, sigue sin estar esclarecido de forma completa.

Sabemos que ambas tienen que ver con el desarrollo de cada comportamiento, pero saber qué porcentaje de acción tiene cada una de ellas es más complicado. Lo que sí se puede afirmar es que en la gran mayoría de las conductas del ser humano, estilos de personalidad o predisposición a trastornos psicológicos, la genética sienta una base que ha de verse favorecida o motivada mediante el ambiente en el que el sujeto se desenvuelve. Por tanto, la conducta sexual no iba a ser menos. Y por ello desde que el médico inglés Simon LeVay comenzase a estudiar la diferencia en la estructura del hipotálamo entre hombres homosexuales y heterosexuales, muchos y muchas han sido quienes han continuado su línea de investigación arrojando algo de luz en un tema tan poco explorado.

Para que se entienda bien, vamos a aclarar un poco qué es el sistema límbico y sus implicaciones en estas investigaciones. El sistema límbico es el encargado en el cerebro de responder ante ciertos estímulos como son, por ejemplo; el hambre, la sed, las emociones y la respuesta sexual. Todo este proceso de respuesta se realiza de forma involuntaria, como si fuese parte de una memoria evolutiva que integra distintas funciones y necesidades fundamentales para el mantenimiento tanto del individuo como de la especie.

Sigamos pues. Una parte fundamental de este sistema la encontramos en el hipotálamo, quien, entre otras funciones, juega un papel importante en el impulso sexual. De hecho, en investigaciones llevadas a cabo con animales se descubrió que la estimulación de la zona preóptica del hipotálamo provoca un incremento de la motivación sexual, y dejarla de estimular la hace desaparecer.

En estudios provenientes de autopsias y más tarde replicados y corroborados en estudios de neuroimagen por exposición a feromonas, se encontró que una parte del hipotálamo anterior (INAH3) era muy similar entre mujeres heterosexuales y hombres homosexuales en cuanto al tamaño del mismo y a la activación ante la exposición a feromonas masculinas.

Estudios similares se llevaron a cabo entre mujeres homosexuales y hombres heterosexuales. En ellos, sí se encontraron diferencias entre mujeres heterosexuales y homosexuales. No obstante, la congruencia entre la respuesta de estas últimas con hombres heterosexuales no era tan fuerte como en el estudio anterior.

Otra serie de estudios muy curiosos sobre el tema plantean la hipótesis de que el hermano pequeño varón que tiene por encima dos o más hermanos varones parte con una predisposición genética a la homosexualidad mayor que sus hermanos en cuanto a que la madre ha desarrollado una serie de anticuerpos de los anteriores embarazos que actuan contra la testosterona en gestaciones posteriores. Es decir, ante la producción de testosterona en el cuerpo de la madre para la gestación del feto masculino, ésta empieza a rechazarla de forma natural. Lo cual casaría con la función del INAH3 en el impulso sexual, pues está comprobado que un déficit en la producción y asimilación de testosterona durante la etapa fetal puede generar que dicho núcleo se desarrolle en menor tamaño, provocando una predisposición innata a la orientación sexual hacia los hombres.

Todo esto es lo que diferentes estudios neuropsicológicos han puesto de manifiesto acerca de la predisposición genética. No obstante, sea cual sea la orientación sexual de cada uno, esta ha de darse y verse promovida en un ambiente que permita su normal desarrollo. Sin tabúes y con aceptación y cariño del núcleo familiar y social donde uno se encuentre.

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