¿Qué es realmente lo que sabemos sobre el fracaso escolar? ¿Cuáles son nuestras creencias? Probablemente, a todos los que nos han dicho que el hijo de Pepa o de Juan ha sido un fracaso escolar acabamos pensando en algún momento que ese niño no ha hecho lo suficiente para aprobar, para ser ‘alguien de provecho’.

Habitualmente, obviamos que existen diversos factores que afectan al rendimiento de las personas en el entorno educativo: no todo es vaguear, no todo es no querer hacer nada, no todo es querer llevar la contraria a los padres. Exactamente, diversos autores y estudios sitúan que se dan tres tipos de determinantes en el fracaso escolar: determinantes familiares, determinantes escolares y determinantes personales.

¿La familia de verdad afecta?

Cuando hablamos de determinantes familiares, debemos entenderlo como todo aquello que en el entorno familiar sucede. ¿Por qué se considera un determinante? Porque todo lo que sucede en este entorno afecta de forma directa o indirecta, mínima o máximamente, a los hijos, y no sólo afecta en el entorno educativo, afecta en todos los ámbitos de su vida (relación consigo mismo, estudios, amistades, toma de decisiones, elección de pareja, etc.). Por ello, hay que tener en cuenta que el niño puede verse afectado cuando vive en un entorno familiar hostil, donde existen problemas, donde no se siente cómodo, donde no cuentan con él, donde sus padres están llevando un proceso de separación complicado, donde la economía familiar va mal o donde se dan multitud de situaciones (muchas veces, incontrolables). No quiere decir que siempre que se dé una situación complicada los hijos van a fracasar en el colegio, sino que hay que tener en cuenta la situación familiar cuando se examinen las causas de un posible fracaso escolar.

¿Cuáles son esos determinantes escolares?

En este caso, al hablar de determinantes escolares nos centramos principalmente en los profesores y en los compañeros de clase. La relación que se establece a nivel profesor-alumno y las relaciones interpersonales con los iguales afectan al rendimiento escolar indirectamente. Las expectativas que suelen crear los profesores sobre sus alumnos influyen directamente, hasta tal punto que está comprobado que a mayor pensamiento de inteligencia sobre un alumno, mejores resultados sacan éstos.

Es decir, que cuando un profesor considera que un alumno no tiene capacidad para sacar adelante ciertas asignaturas o aspectos escolares, los niños pueden verse afectados también negativamente. Por otro lado, mediante las relaciones con los compañeros se aprenden habilidades y se refuerzan mutuamente las conductas, por lo que estas relaciones determinan del mismo modo el cómo enfrenta un niño una enseñanza, el cómo se lo toma y el cómo espera que, según como actúe y lo que sus compañeros esperen de él, afecte a su relación con los mismos. Se debe destacar que, mediante los estudios realizados, las personas que han desarrollado un fracaso escolar suelen ser personas rechazadas por su grupo o clase.

¿Y qué es eso de determinantes personales?

Como se comenta a menudo, cada persona es un mundo: cada uno es esa persona y sus propias circunstancias. Todos tenemos nuestros rasgos de personalidad, nuestras habilidades aprendidas y nuestras preferencias. Así mismo, todos tenemos nuestro propio autoconcepto. ¿Qué se quiere decir con esto? Que entre los factores más influyentes en el entorno educativo son la motivación y el autoconcepto que tenga la persona. Si no existe motivación en el alumno la implicación va a ser menor, no va a haber nada que le mueva a conseguir los objetivos escolares (porque por mucho que sea lo que tiene que hacer, no es argumento suficiente). Por eso, cuando una persona está con una alta motivación emplea todo lo que puede y sabe para conseguir los objetivos que sean, orientándose a ellos su esfuerzo. Es más, el factor que mas diferencia a los alumnos que repiten de los que no es la motivación, viéndose que los que repiten son las personas que más se aburren en clase y que menor motivación poseen. Por otro lado, el autoconcepto, como concepto de interiorización de la imagen personal del ser humano que se genera por la interacción con el contexto y la sociedad, es importante ya que de cómo nos veamos y de cómo queramos ‘encajar’ sacaremos a relucir las actitudes que creamos convenientes. Por eso, entre otras tantas cosas, si los niños se ven como buenos estudiantes e inteligentes y quieren satisfacer la misma imagen que puede tener el profesor sobre ellos, su rendimiento académico será alto; si por el contrario nos vemos como malos estudiantes y nos ven como malos estudiantes (aunque no lo seamos), ese ‘como nos ven’ va a influir en cómo actuamos: si no esperan nada bueno de nosotros lo más probable es que se cumpla, no vamos a esforzarnos, no vamos a estar motivados.

Entonces, ¿qué hacemos desde casa?

Muchos autores definen el fracaso escolar  como la situación académica donde el alumno no consigue sus logros según la capacidad que tiene. Una vez entendido esto, desde casa debemos entender que existen muchas razones por las que no se llegue a ese logro. No por no haber conseguido superar los objetivos establecidos eres un fracaso: tu vida la determinan las circunstancias en las que vives. No porque un hijo vaya mal en la escuela es siempre culpa suya: hay que intentar determinar porqué está yendo mal, después tomar decisiones. Intentar comprender al niño, su mundo y sus necesidades es importante para que se pueda superar la situación. Ofrecerle apoyo es importante, del mismo modo que poner límites también, aunque muchas veces nos resulta más fácil poner límites a intentar motivas y ayudar.

APOYO FAMILIAR

COMPRENSIÓN

CIRCUNSTANCIAS

En definitiva, por suerte cada vez se pone más el foco en las circunstancias y factores que pueden afectar a que un niño/joven ‘fracase’ en el ámbito escolar y cómo se debe afrontar desde casa: es un continuo aprendizaje bidireccional entre padres, hijos y ambiente.