El duelo se define por la reacción emocional y comportamental del ser humano ante la ruptura de un vínculo afectivo, manifestándose en forma de sufrimiento y abatimiento. En él asumimos, asimilamos, maduramos y superamos esta pérdida. A pesar de que lo más normal es enfocar este proceso en la pérdida de una relación o en la muerte de un ser querido, este es un proceso que se da ante cualquier pérdida: de una amistad, de la propia autonomía…o de un trabajo.

Por lo tanto, si te estás preguntando si de verdad las etapas negación, ira, negociación, depresión y aceptación se dan cuando dejas de trabajar en un sitio o te degradan de tu puesto habitual por uno inferior, sí, sucede.

No hay que obviar el hecho que depende de cómo y porqué se haya dado, al final no es lo mismo que decidas dejar tu trabajo porque así te sentirás una persona liberada a que te echen de manera injustificada, por ejemplo, o que se termine tu contrato laboral y necesites trabajar porque tienes responsabilidades que asumir (hijos, casa, familiares, etc.). Estas situaciones nunca suelen ser fáciles, sobretodo emocionalmente hablando. Ante ello, debemos abrir nuestra mente, aceptar el suceso, tomarnos nuestro tiempo y seguir adelante.

¿Cómo seguimos adelante en estas situaciones?

Cuando nos sumimos en la tristeza, está bien que nos demos nuestro tiempo para enfadarnos, llorar (si fuera necesario) y asumirlo poco a poco. Una vez vamos asumiendo lo sucedido, ciertos aspectos pueden ir sirviéndonos para pasar página y seguir hacia delante, comenzando de nuevo.

A veces, podemos sentir que hemos retrocedido hasta el punto de inicio cuando en el mundo laboral no nos va bien, sin embargo, podemos coger ese sentimiento para pensar que no partimos de cero: Estamos ante un nuevo comienzo, pero no debemos olvidar todo el aprendizaje que han supuesto nuestras experiencias laborales.

Con ello, podemos empezar a planear qué queremos hacer, cómo queremos hacerlo y qué plan vamos a seguir para llegar a conseguirlo. Es decir, si nos encontramos sin trabajo no podemos estar continuamente tristes por ese hecho: podemos estar tristes, aceptando el sentimiento, pero podemos decir “¿Quiero estar así mucho tiempo? No, voy a armar un plan”. Podemos comenzar sobre en qué ámbitos queremos trabajar, preparando nuestro curriculum a conciencia para los ámbitos laborales en los que queremos enfocarnos para, después, crear una lista de sitios donde podemos entregarlos. Una vez hayamos establecido un plan, podemos ir poniéndolo en marcha, lo que hará que nuestros sentimientos de valía aumenten, nos aportará cierta esperanza y no dejará que la mala situación nos controle.

No te presiones: la búsqueda de un nuevo empleo es complicada, a veces se consigue un puesto nuevo enseguida y otras pueden pasar meses hasta encontrarlo, pero debes recordar que el tiempo que tardarás no determina tu valía.

Con todo, se van a presentar obstáculos tales cómo hacer frente al alquiler, la necesidad de tener un sueldo lo antes posible, hacer frente a los noes de las empresas, entre otros tantos miles. Por ello, debemos pensar detenidamente en cuales son y cómo podemos solucionarlos. Pide ayuda cuando lo creas conveniente, no te avergüences: apóyate en tu familia, en tus amigos, en la gente de confianza. Date la oportunidad de sentir su apoyo, que te escuchen y que te puedan proporcionar ayuda (emocional, económica, psicológica, toda ayuda es buena y aceptable).

No es un camino de rosas, probablemente no sea llegar y besar el santo. Y aunque puedas encontrar un puesto laboral adecuado, que te haga feliz, que te proporcione cubrir tus necesidades ten en cuenta que puedes experimentar emociones de tristeza y rabia por lo perdido, recuerda que el duelo no es un proceso lineal ni se pasa de forma fácil. A veces, todo lo bueno que conseguimos y que nos proporciona alegrías o esperanzas no sanan, pero siempre ayudan a sanar, pueden acelerar ese proceso.

Por lo tanto, tenemos que saber que ante situaciones así es normal sentir que no es real en un principio, es normal enfadarnos, es normal entristecernos. Lo que debemos conseguir es que esos sentimientos no condicionen nuestra vida.