¿Se puede ser adicto a una persona?

¿Se puede relacionar la adicción al enamoramiento? ¿Pueden tener el amor y la adicción algo que ver? ¿Y qué pasa con el desamor y la adicción?

La mayor parte de la población se ha enamorado en algún momento de su vida y han sentido ese estado de felicidad, euforia y alegría, donde se siente una gran atracción hacia la persona, queriendo compartir infinidad de momentos con ella. 

Lo cierto es que científicamente se entiende que este proceso, al menos en un primer momento, depende de la química cerebral del organismo, y que se sustenta en la liberación de ciertos neurotransmisores que harían un efecto parecido al de ciertas drogas.

Para entender la situación, debemos ver a la dopamina (liberada a través de la feniletilamina) como ese neurotransmisor que se secreta, entre otros procesos del cuerpo del ser humano, cuando se produce el enamoramiento, al igual que se secretan serotonina y oxitocina. Pero, ¿qué son estas sustancias orgánicas para que se relacionen en el proceso?

La Oxitocina es la hormona que se relaciona con los procesos de unión y confianza. Esta hormona se segrega cada vez que damos abrazos o proporcionamos pequeños detalles al otro como las caricias o cogerse de la mano, así como durante el sexo en grandes cantidades cuando se produce el orgasmo. También es esa hormona que se suministra en los partos y la cual se relaciona con el vínculo que se genera entre madre e hijo.

A más contacto, se produce más oxitocina y, por lo tanto, más unión y confianza.​

Por otro lado, tenemos la serotonina, la cual se relaciona con la felicidad, el optimismo y el buen humor. Sin embargo, cuando suceden en nuestra vida ciertas cosas que podríamos considerar tristes, que son malas noticias, nos preocupamos o nos enfadamos con alguien, la secreción de serotonina, es decir, su liberación en el organismo, se inactiva y disminuye. Este aspecto implica que cuando no liberamos serotonina se aumentan síntomas propios del desamor como la obsesión o los estados de ánimo bajos e incluso depresivos.

Y finalmente, llegamos al protagonista de este juego, la dopamina. Este neurotransmisor se relaciona con el placer, liberandose cuando se realizan juegos, cuando comemos, cuando tenemos relaciones sexuales, cuando consumimos algún tipo de droga y, cómo no, con el amor cuando nos enamoramos

Entonces, ¿se puede relacionar el amor a la adicción?

Más allá del significado social que le damos a la palabra amor, la respuesta es sí, gracias al placer, gracias al sistema de recompensa.

Al final, con estas tres sustancias del cuerpo humano, se activa el sistema de placer: Al generarse situaciones placenteras se libera oxitocina, lo cual activa la liberación de dopamina, arrastrando a la serotonina ya que de por sí se activa ante estímulos placenteros o felices. Y si lo resumimos de forma general se podría entender por ejemplos como que si fumamos, comemos o si tenemos relaciones sexuales se produce placer, el cual a su vez activa la liberación de dopamina y la cual nos lleva a querer más de ese placer y, por lo tanto, nos volvemos adictos. Lo mismo sucede con el enamoramiento.

Y ¿cómo afecta en las rupturas?

Llega un momento en el que nuestro cuerpo se habitúa a las hormonas que liberamos en el enamoramiento. Este aspecto, sumado a diferentes aspectos culturales, valores, creencias y expectativas, puede generar en la persona cierto nivel de frustración cuando su relación se ha terminado. Entonces, al no estar ya con esa persona se dejan de liberar esas sustancias que nos generan placer, llevando a la persona a sufrir ‘bajones’, a sentir el ‘mono’ y a empezar a obsesionarse con ciertos aspectos de la relación pasada, como ocurre al dejar de consumir cualquier droga o sustancia. 

Ver una simple foto de la persona que queremos hace que nuestro organismo libere dopamina. No poder estar con esa persona, no poder tener nuestra ‘dosis’ diaria de lo que esa persona nos generaba, supone un sufrimiento emocional y psicológico. El proceso de enamorarse es pura química cerebral, y cuando éste se acaba podemos sentir las consecuencias.