ACOSO ESCOLAR Y CIBERBULLYING: CUANDO EL ACOSO TE PERSIGUE

Dentro del entorno educativo, uno de los grandes problemas que se da es el del Bullying o acoso escolar, el cual causando grandes daños en la víctima. El entorno escolar no está exento de violencia y conflictividad: los seres humanos dentro de nuestras interacciones sociales podemos presentar diversos tipos de conductas, entre ellas las conductas violentas, y el entorno escolar, entendido como pequeña muestra de lo que es la sociedad y del entorno en el que vivimos, no puede entenderse sin cierta conflictividad.

Al no ser casos aislados los casos de Bullying se intenta aumentar el nivel de prevención y concienciación sobre el problema, con la ventaja de ser un entorno en cierta medida controlado o en el que se pueden generar cambios. Pero al igual que se pueden poner medios para su prevención, con el mismo desarrollo de la sociedad y de la tecnología, el acoso escolar ha encontrado nuevas vías de actuación: el Ciberbullying.

¿CÓMO SE DA EL BULLYING Y EL CIBERBULLYING?

Para entender el ciberbuying, es necesario entender el cómo se da el bullying. Entre sus diferentes formas, podemos encontrar acciones como la intimidación mediante la verbalización de aspectos desagradables, cuando se ríen de la víctima mediante motes hirientes, cuando le ignoran y le excluyen de las actividades grupales,.. Pero también cuando le pegan, empujan o amenazan, mienten sobre la víctima, le dejan mensajes ofensivos o convencen a los demás para que hagan lo mismo o no se relaciones con ella.

  1. Físico: conductas agresivas directas (contra el cuerpo) o indirectas (robar, romper objetos, ensuciar,…)
  2. Verbal: insultos, motes, hablar mal de esa persona, mentiras, etc.
  3. Social: Se excluye y aísla a la víctima, no le dejan participar en ciertas actividades, se le margina e ignora, etc.
  4. Psicológico: Disminuyen su autoestima, generan en la persona inseguridad y miedo, le humillan y desvalorizan, se ríen, etc.

Por ende, el ciberbullying se puede dar de de la misma manera pero con un componente crucial: las redes sociales, páginas webs, aplicaciones de mensajería instantánea, etc., donde se puede insultar y hostigar a la persona y divulgar estos hechos. Puede ser de forma directa, cuando le envían directamente mensajes a la víctima por ejemplo, o de forma indirecta, cuando el acosador utiliza cómplices (que no siempre saben que lo son).

  1. Insultos electrónicos
  2. Hostigamiento: Mensajes ofensivos a largo plazo, más unilateral.
  3. Denigración: Dar y difundir información despectiva y falsa en webs o por correo electrónico, mensajes instantáneos y similares.
  4. Suplantación: Hacerse pasar por la víctima y enviar mensajes agresivos, crueles o negativos.
  5. Desvelamiento y sonsacamiento: conseguir información sobre la víctima que sea comprometida o privada y difundirla.
  6. Exclusión: No dejar participar a la persona en una red social específica, grupos de whatsapp, etc.
  7. Ciberpersecución: Enviar constantemente mensajes, emails, etc., amenazantes e insultantes.
  8. Paliza feliz (happy slapping): Realizar una agresión física a la víctima, grabarle y colgarlo en internet para que más gente lo vea.

Así mismo, aunque una categorización de las formas de bullying sea de violencia psicológica concreta, se debe entender que todas las formas tienen un componente psicológico.

¿QUÉ CARACTERÍSTICAS TIENE EL ACOSO ESCOLAR?

Al considerar que una persona está sufriendo Bullying o Ciberbullying, se suelen dar las siguientes características: Que exista una víctima que no puede defenderse ante uno o varios agresores, los cuales actúan con intencionalidad y crueldad; que exista desigualdad de poder entre víctima y agresor (más fuertes física, psicológica o socialmente). Se da una situación de desigualdad; que las conductas violentas se produzcan con periodicidad, persiste en el tiempo, produciendo dolor cuando se ataca y sin ataque al pensar que será el atacado de nuevo; y que el objetivo para las burlas sea con más frecuencia una sola víctima que varias (pero también se da con un grupo como objetivo de burlas).

ENTONCES, ¿QUÉ ES EL CIBERBULLYING?

En resumen, el Ciberbullying, o acoso cibernético entre iguales, se define por diferentes autores como actos intencionados mantenidos en el tiempo donde se realizan comportamientos agresivos mediante el uso de herramientas electrónicas por parte de una persona o un grupo de personas hacia una víctima, la cual no puede defenderse con facilidad. Estos comportamientos podrían ser colgar imágenes o textos vejatorios en Internet, por correo electrónico, móviles o redes sociales, así como chantajear o insultar en los mismos medios, por ejemplo. Como definiría el autor Aftab, se da un ciberacoso cuando “un niño o adolescente es atormentado, amenazado, acosado, humillado, avergonzado o se convierte en el blanco de otro niño, niña, o adolescente a través de Internet, tecnologías interactivas y digitales o teléfonos móviles”.

No estamos exentos de que a alguien de nuestro alrededor pueda sufrir este tipo de actos violentos, los cuales generan tanto sufrimiento físico como emocional (que puede acabar incluso en ideaciones suicidas). Por ello es importante intentar prevenirlos, saber identificarlos y saber cómo actuar frente a estas situaciones para intentar mejorar socialmente.

VIOLENCIA PSICOLÓGICA. CUANDO LAS HERIDAS NO SE VEN.

La violencia dentro de la pareja se ha convertido en uno de los temas más actuales, a la vez que preocupantes en la actualidad. Para entender este hecho, debemos entender el  concepto de Violencia de Género.

La violencia de género se define, desde el Gobierno de España, como una “manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres” la cual “se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”, y “comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad.” 

Por ello, se puede decir que la superioridad que el hombre ejerce sobre la mujer se acaba observando o, más bien, materializando a través de la violencia en algunos  casos, siendo esta la violencia de género, surgiendo ésta simplemente por ser mujer donde el agresor ve a las mismas como personas “carentes de derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”, tal y como explica la ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de género.

Tipos de violencia: Violencia Psicológica.

A día de hoy, es más fácil determinar cuándo una persona está sufriendo violencia de género cuando esta se manifiesta en violencia física. Los moratones, los arañazos o los golpes traducidos en huesos rotos se pueden ver, se pueden comprobar: son reales y visibles, observables. Pero, ¿qué pasa cuando se ejerce violencia psicológica? ¿Se ve del mismo modo?

Lamentablemente, cuesta mucho dentro de la sociedad determinar si una mujer está sufriendo violencia psicológica y, por ende, violencia de género. La violencia psicológica no deja heridas visibles, no deja moratones, no deja huesos rotos, es invisible, no se puede ver a simple vista. Este tipo de violencia se ejerce sin contacto físico, hieren en forma de actos o palabras. Este tipo de maltrato hace que, a la larga, se genere un malestar emocional y psíquico. Es el tipo de violencia que menos puede observarse a simple vista, pero de las formas más crueles de violencia.

“La Violencia Psicológica no deja heridas visibles, no deja moratones, no deja huesos rotos, pero genera malestar emocional y psíquico, es una de las formas más crueles de violencia”

Es importante saber que esta violencia se puede ver en las amenazas, en las humillaciones, en los chantajes, cada vez que no te dejan tomar una decisión de forma que te acaban controlando continuamente, ese propio control sobre ti, cada vez que te comparan de forma que te descalifican constantemente, cuando te gritan aunque no hayas hecho nada, cuando te insultan, cuando te critican de forma destructiva sin querer aportar nada realmente positivo, pero también cuando no te validan (ni a ti, ni a tu juicio, ni a tus emociones y sentimientos) o cuando te ignoran dentro de contextos compartidos. Todo ello es violencia psicológica.

La violencia psicológica está ahí y muchas veces se deja pasar porque acabamos considerando ciertos actos tóxicos como actos normales y saludables, cuando no son así. Así mismo, este tipo de violencia se ve en más ámbitos (y no solo en la pareja) como puede ser el laboral o contra los niños, dentro de la escuela, entre otros ámbitos.

No hay que pensar que cualquier acto se hace con maldad o cualquier acto es sinónimo de acoso o maltrato psicológico, pero la sociedad debe ir avanzando e ir abriendo los ojos para poder ver más allá de lo que nos permite ver la mirada.

Niños, educación y fracaso.

¿Qué es realmente lo que sabemos sobre el fracaso escolar? ¿Cuáles son nuestras creencias? Probablemente, a todos los que nos han dicho que el hijo de Pepa o de Juan ha sido un fracaso escolar acabamos pensando en algún momento que ese niño no ha hecho lo suficiente para aprobar, para ser ‘alguien de provecho’.

Habitualmente, obviamos que existen diversos factores que afectan al rendimiento de las personas en el entorno educativo: no todo es vaguear, no todo es no querer hacer nada, no todo es querer llevar la contraria a los padres. Exactamente, diversos autores y estudios sitúan que se dan tres tipos de determinantes en el fracaso escolar: determinantes familiares, determinantes escolares y determinantes personales.

¿La familia de verdad afecta?

Cuando hablamos de determinantes familiares, debemos entenderlo como todo aquello que en el entorno familiar sucede. ¿Por qué se considera un determinante? Porque todo lo que sucede en este entorno afecta de forma directa o indirecta, mínima o máximamente, a los hijos, y no sólo afecta en el entorno educativo, afecta en todos los ámbitos de su vida (relación consigo mismo, estudios, amistades, toma de decisiones, elección de pareja, etc.). Por ello, hay que tener en cuenta que el niño puede verse afectado cuando vive en un entorno familiar hostil, donde existen problemas, donde no se siente cómodo, donde no cuentan con él, donde sus padres están llevando un proceso de separación complicado, donde la economía familiar va mal o donde se dan multitud de situaciones (muchas veces, incontrolables). No quiere decir que siempre que se dé una situación complicada los hijos van a fracasar en el colegio, sino que hay que tener en cuenta la situación familiar cuando se examinen las causas de un posible fracaso escolar.

¿Cuáles son esos determinantes escolares?

En este caso, al hablar de determinantes escolares nos centramos principalmente en los profesores y en los compañeros de clase. La relación que se establece a nivel profesor-alumno y las relaciones interpersonales con los iguales afectan al rendimiento escolar indirectamente. Las expectativas que suelen crear los profesores sobre sus alumnos influyen directamente, hasta tal punto que está comprobado que a mayor pensamiento de inteligencia sobre un alumno, mejores resultados sacan éstos.

Es decir, que cuando un profesor considera que un alumno no tiene capacidad para sacar adelante ciertas asignaturas o aspectos escolares, los niños pueden verse afectados también negativamente. Por otro lado, mediante las relaciones con los compañeros se aprenden habilidades y se refuerzan mutuamente las conductas, por lo que estas relaciones determinan del mismo modo el cómo enfrenta un niño una enseñanza, el cómo se lo toma y el cómo espera que, según como actúe y lo que sus compañeros esperen de él, afecte a su relación con los mismos. Se debe destacar que, mediante los estudios realizados, las personas que han desarrollado un fracaso escolar suelen ser personas rechazadas por su grupo o clase.

¿Y qué es eso de determinantes personales?

Como se comenta a menudo, cada persona es un mundo: cada uno es esa persona y sus propias circunstancias. Todos tenemos nuestros rasgos de personalidad, nuestras habilidades aprendidas y nuestras preferencias. Así mismo, todos tenemos nuestro propio autoconcepto. ¿Qué se quiere decir con esto? Que entre los factores más influyentes en el entorno educativo son la motivación y el autoconcepto que tenga la persona. Si no existe motivación en el alumno la implicación va a ser menor, no va a haber nada que le mueva a conseguir los objetivos escolares (porque por mucho que sea lo que tiene que hacer, no es argumento suficiente). Por eso, cuando una persona está con una alta motivación emplea todo lo que puede y sabe para conseguir los objetivos que sean, orientándose a ellos su esfuerzo. Es más, el factor que mas diferencia a los alumnos que repiten de los que no es la motivación, viéndose que los que repiten son las personas que más se aburren en clase y que menor motivación poseen. Por otro lado, el autoconcepto, como concepto de interiorización de la imagen personal del ser humano que se genera por la interacción con el contexto y la sociedad, es importante ya que de cómo nos veamos y de cómo queramos ‘encajar’ sacaremos a relucir las actitudes que creamos convenientes. Por eso, entre otras tantas cosas, si los niños se ven como buenos estudiantes e inteligentes y quieren satisfacer la misma imagen que puede tener el profesor sobre ellos, su rendimiento académico será alto; si por el contrario nos vemos como malos estudiantes y nos ven como malos estudiantes (aunque no lo seamos), ese ‘como nos ven’ va a influir en cómo actuamos: si no esperan nada bueno de nosotros lo más probable es que se cumpla, no vamos a esforzarnos, no vamos a estar motivados.

Entonces, ¿qué hacemos desde casa?

Muchos autores definen el fracaso escolar  como la situación académica donde el alumno no consigue sus logros según la capacidad que tiene. Una vez entendido esto, desde casa debemos entender que existen muchas razones por las que no se llegue a ese logro. No por no haber conseguido superar los objetivos establecidos eres un fracaso: tu vida la determinan las circunstancias en las que vives. No porque un hijo vaya mal en la escuela es siempre culpa suya: hay que intentar determinar porqué está yendo mal, después tomar decisiones. Intentar comprender al niño, su mundo y sus necesidades es importante para que se pueda superar la situación. Ofrecerle apoyo es importante, del mismo modo que poner límites también, aunque muchas veces nos resulta más fácil poner límites a intentar motivas y ayudar.

APOYO FAMILIAR

COMPRENSIÓN

CIRCUNSTANCIAS

En definitiva, por suerte cada vez se pone más el foco en las circunstancias y factores que pueden afectar a que un niño/joven ‘fracase’ en el ámbito escolar y cómo se debe afrontar desde casa: es un continuo aprendizaje bidireccional entre padres, hijos y ambiente.

LA VIDA DESPUÉS DE LA PÉRDIDA DE TRABAJO

El duelo se define por la reacción emocional y comportamental del ser humano ante la ruptura de un vínculo afectivo, manifestándose en forma de sufrimiento y abatimiento. En él asumimos, asimilamos, maduramos y superamos esta pérdida. A pesar de que lo más normal es enfocar este proceso en la pérdida de una relación o en la muerte de un ser querido, este es un proceso que se da ante cualquier pérdida: de una amistad, de la propia autonomía…o de un trabajo.

Por lo tanto, si te estás preguntando si de verdad las etapas negación, ira, negociación, depresión y aceptación se dan cuando dejas de trabajar en un sitio o te degradan de tu puesto habitual por uno inferior, sí, sucede.

No hay que obviar el hecho que depende de cómo y porqué se haya dado, al final no es lo mismo que decidas dejar tu trabajo porque así te sentirás una persona liberada a que te echen de manera injustificada, por ejemplo, o que se termine tu contrato laboral y necesites trabajar porque tienes responsabilidades que asumir (hijos, casa, familiares, etc.). Estas situaciones nunca suelen ser fáciles, sobretodo emocionalmente hablando. Ante ello, debemos abrir nuestra mente, aceptar el suceso, tomarnos nuestro tiempo y seguir adelante.

¿Cómo seguimos adelante en estas situaciones?

Cuando nos sumimos en la tristeza, está bien que nos demos nuestro tiempo para enfadarnos, llorar (si fuera necesario) y asumirlo poco a poco. Una vez vamos asumiendo lo sucedido, ciertos aspectos pueden ir sirviéndonos para pasar página y seguir hacia delante, comenzando de nuevo.

A veces, podemos sentir que hemos retrocedido hasta el punto de inicio cuando en el mundo laboral no nos va bien, sin embargo, podemos coger ese sentimiento para pensar que no partimos de cero: Estamos ante un nuevo comienzo, pero no debemos olvidar todo el aprendizaje que han supuesto nuestras experiencias laborales.

Con ello, podemos empezar a planear qué queremos hacer, cómo queremos hacerlo y qué plan vamos a seguir para llegar a conseguirlo. Es decir, si nos encontramos sin trabajo no podemos estar continuamente tristes por ese hecho: podemos estar tristes, aceptando el sentimiento, pero podemos decir “¿Quiero estar así mucho tiempo? No, voy a armar un plan”. Podemos comenzar sobre en qué ámbitos queremos trabajar, preparando nuestro curriculum a conciencia para los ámbitos laborales en los que queremos enfocarnos para, después, crear una lista de sitios donde podemos entregarlos. Una vez hayamos establecido un plan, podemos ir poniéndolo en marcha, lo que hará que nuestros sentimientos de valía aumenten, nos aportará cierta esperanza y no dejará que la mala situación nos controle.

No te presiones: la búsqueda de un nuevo empleo es complicada, a veces se consigue un puesto nuevo enseguida y otras pueden pasar meses hasta encontrarlo, pero debes recordar que el tiempo que tardarás no determina tu valía.

Con todo, se van a presentar obstáculos tales cómo hacer frente al alquiler, la necesidad de tener un sueldo lo antes posible, hacer frente a los noes de las empresas, entre otros tantos miles. Por ello, debemos pensar detenidamente en cuales son y cómo podemos solucionarlos. Pide ayuda cuando lo creas conveniente, no te avergüences: apóyate en tu familia, en tus amigos, en la gente de confianza. Date la oportunidad de sentir su apoyo, que te escuchen y que te puedan proporcionar ayuda (emocional, económica, psicológica, toda ayuda es buena y aceptable).

No es un camino de rosas, probablemente no sea llegar y besar el santo. Y aunque puedas encontrar un puesto laboral adecuado, que te haga feliz, que te proporcione cubrir tus necesidades ten en cuenta que puedes experimentar emociones de tristeza y rabia por lo perdido, recuerda que el duelo no es un proceso lineal ni se pasa de forma fácil. A veces, todo lo bueno que conseguimos y que nos proporciona alegrías o esperanzas no sanan, pero siempre ayudan a sanar, pueden acelerar ese proceso.

Por lo tanto, tenemos que saber que ante situaciones así es normal sentir que no es real en un principio, es normal enfadarnos, es normal entristecernos. Lo que debemos conseguir es que esos sentimientos no condicionen nuestra vida.

ORTOREXIA: ¿SALUD O ENFERMEDAD?

En los tiempos que corren, el ideal de belleza se ha situado en mantener una imagen de delgadez, algo impuesto por la sociedad actual. Ese ideal nos acaba presionando, nos acaba condicionando y, lamentablemente, nos puede llevar a enfermar.

Si alguna vez os han hablado de Enfermar por Comer o no”, os vendrán a la mente las llamadas TCA: Trastornos de la Conducta Alimentaria. Estos trastornos se caracterizan por cambios negativos en nuestra conducta a la hora de alimentarnos (muchas veces incluso privándonos de esa alimentación). Sin embargo,  de forma general asociamos los TCA a la Anorexia Nerviosa o la Bulimia Nerviosa. A pesar de que estos dos trastornos son los más comunes, no son los únicos.

Pero, ¿qué es la Ortorexia?

En la conducta alimentaria de una persona ortoréxica se aprecia el deseo de consumir alimentos lo más saludables posibles o puros. Hasta aquí no suena mal, ¿verdad?

El problema está en que en una persona que padece de Ortorexia Nerviosa estas conductas son exageradas, obsesivas y patológicas. Estas personas buscan realizar dietas completamente saludables, dándole mucha importancia al alimento que se consume: que no lleve aditivos, pesticidas, que sean ecológicos, que apenas tenga sal o azúcar, etc. Al mismo tiempo, buscan que se cocine también con los mejores materiales. Sigue sin sonar mal, ¿verdad?

Cuando pensamos en que una dieta no lleve azúcares añadidos, ni pesticidas, o que son productos ecológicos, pensamos por inercia que ‘no puede estar mal’ llevar ese estilo de vida. La sociedad está tan llena de información sobre enfermedades, alimentos cancerígenos y otros tantos problemas del mismo estilo, que pensamos en estos aspectos y no parece tan malo. El caso es que para una persona con ortorexia, llevar esta dieta le condiciona –y mucho.

¿Por qué? ¿Qué síntomas tienen?

La Ortorexia se caracteriza por:

Preocupación excesiva por la calidad del alimento, no por placer de consumirlo ni su necesidad.

Mayor calidad de dieta pero menor calidad de vida.

Planificación duradera de las comidas. Se emplean de 3 a más horas de dedicación a pensar en qué se va a comer, cómo se va a cocinar, dónde se va a comprar (incluso viajando lejos si sabemos que no podemos encontrar ciertas cosas cerca), leer sobre alimentación y dietas y pasar tiempo divagando si algo es sano o no.

Cada vez, los hábitos alimentarios son más y más estrictos. Esto genera aumento de autoestima y sensación de poder, misticidad y superioridad a la persona. Sin embargo, si no se cumple la dieta, se crean intensos sentimientos de culpa y baja la autoestima.

Se abandonan las actividades normales del día a día para no fallar en el intento de realizar hábitos saludables, surgiendo así un aislamiento social.

Entonces, ¿es bueno o malo?

En definitiva, la Ortorexia Nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria (no recogido en manuales de diagnóstico) que se caracteriza por la obsesión patológica de una alimentación sana o pura. Esta obsesión condiciona a la persona aislándole del resto por no fallar, condicionando su tiempo libre, utilizando mucho tiempo en preparar su dieta y sintiéndose muy culpable si no puede llevarla a cabo. La Ortorexia es un trastorno que puede generar depresión, ansiedad, hipocondriasis y alteraciones del comportamiento, asociados a un Trastorno Obsesivo-Compulsivo y a un déficit de vitamina B12. A su vez, puede tener consecuencias físicas como una desnutrición, anemia, osteoporosis, un aumento exacerbado de vitaminas o disminución de las mismas o hipotensión, entre otras. Esta obsesión que tiene, a la larga, consecuencias tan negativas, en definitiva, es un trastorno. Y como trastorno, es mejor prevenirnos de poder padecerla.

RUPTURA PARTE II: CÓMO SOBRELLEVARLO

Ciertos estudios muestran que se necesita en torno a las 11 semanas (o tres meses) para poder ver la ruptura de forma más positiva, para poder encaminar nuestra visión al respecto. Ante todo, cada persona es un mundo y cada uno necesita sus propios tiempos. Ante ello, existen una serie de pautas que pueden ayudarnos, como ya comentamos en la entrada de “Ruptura Parte I: El Duelo y sus Efectos”:

1. Aceptar la ruptura y hacernos cargo de nuestros sentimientos.

Al pasar por una ruptura pasamos de igual modo por un duelo, algo contradictorio porque, en contraposición con la muerte de un ser querido, la persona sigue ahí: podemos verla, podemos llamarla, podemos oírla…, pero no está para nosotros de la misma manera que estaba. Y como todo duelo, todo lleva unos pasos. Por ello, un paso importante se considera aceptar que la relación se ha acabado, aceptar lo que ha pasado y reconocer lo que nos hace sentir: rabia, pena, dolor, etc. Aceptarlo, asumirlo y sentirlo, para así poder dejarlo ir.

2. Tomarnos tiempo para hablar de lo que nos duele.

Del mismo modo que tenemos que aceptar lo que ha pasado, tenemos que sentirlo. Y cuando asumimos los sentimientos que suscitan en nosotros el proceso de la ruptura, es importante poder hablarlo. Al hablar y verbalizar nuestros sentimientos suceden varias cosas: La primera es que podemos encontrar consuelo y apoyo en las personas que nos rodean y nos quieren, pueden darnos ese abrazo cuando lo necesitemos o hacernos sentir que es completamente normal sentirnos mal y estar sufriendo con la situación, pudiendo fortalecer nuestra red de apoyo y nuestra confianza en ellos; por otro lado, al verbalizar lo que nos duele lo convertimos en algo real, esto no significa que no lo sea desde un principio, pero tendemos a no asumirlo desde el inicio pensando que puede ser algo que no ha sucedido o que puede cambiar. Sin embargo, cuando lo hablamos se convierte en real independientemente de lo que suceda después y nos ayuda con el proceso de aceptación, así como que nos proporciona una vía de escape del dolor, nos da un respiro y nos ayuda con el desahogo emocional.

Por el contrario, nuestro circulo o sistema de apoyo pude proporcionarnos espacio tanto para el desahogo como para desviar el tema en otros que hagan que no nos regocijemos en el dolor, que nos evadan y no nos hagan mantener constantemente la herida de la ruptura abierta. En el equilibrio está lo positivo.

3. Mantener nuestra mente ocupada.

Al igual que es importante poder tener una buena red de apoyo con la que desahogarnos cuando lo veamos necesario, es importante poder mantener nuestra mente ocupada. Nuestra vida no termina con la ruptura. Si mantenemos nuestra mente ocupada, si hacemos cosas que nos llenan, como ir al cine, quedar a tomar un café con nuestros amigos, ir a nadar, etc., cualquier cosa que suponga una desconexión, podremos volver a encontrar en nosotros mismos esos sentimientos de valía que ciertas rupturas nos dejan, podemos tomar ese impulso necesario para continuar nuestra vida. La pena nos va a acompañar un tiempo, pero no podemos dejar que esa pena nos domine.

Así mismo, se ha comprobado que en situaciones como estas, donde el ánimo decae y somos más propensos a tener estados de ánimo depresivos, realizar actividades tales como el ejercicio físico es beneficioso, ya que disminuye los niveles de angustia y proporciona endorfinas que ayudan a equilibrar nuestra química cerebral.

4. Tener 0 contacto con nuestra expareja.

No intentes quedar bien con tu expareja, no siempre es lo importante. Depende mucho del tipo de relación que hayáis tenido y del porqué de la ruptura, pero si no te hace sentir bien no quieras ser su amigo/a, no en un futuro próximo al menos. Romper una relación y querer tener una amistad después es un proceso difícil y, muchas veces, doloroso. No te fuerces. No importa si crees que podéis ser muy buenos amigos porque, probablemente, ese pensamiento esté suscitado por querer mantener en tu vida a esa persona sin llegar a asumir del todo que la relación se ha terminado. Mantener una relación de amistad generalmente provoca que, consciente o inconscientemente, mantengamos a su vez la esperanza de que la relación se puede recomponer, que se pueden solucionar las diferencias y que se puede continuar en un futuro con la relación, y esto es un error. Con el tiempo, acabamos viendo que la relación actual no es lo que esperábamos y acabamos sufriendo más, frustrándonos por ver que nuestras expectativas no se cumplen, o acabamos prolongando el dolor de la ruptura.

Por ello, cuando la ruptura está siendo un proceso complicado, es importante no sentirnos mal si decidimos dejar de seguir a nuestra expareja en redes sociales, si decidimos borrar (o guardar) las fotos y/o recuerdos que tenemos con la persona y si tomamos la determinación de borrar su número para no tener la tentación de llamarle. A veces, es necesario hacerlo. Aunque sea doloroso, puede ser más doloroso mantener todos los recuerdos con nosotros y, dejar de tener contacto de cualquier modo con nuestra expareja, a la larga ayuda a sanar el dolor. Sin embargo, mantener una relación del tipo que sea con nuestra pareja puede provocar que no avancemos en el duelo por esa ruptura, hasta el punto que, algunos expertos recomiendan que, se debe estar hasta seis meses sin saber nada de la otra persona para no dificultar este proceso. Una vez sane la herida, se puede volver a plantear la idea de querer o no formar parte de la vida de la otra persona. Hasta entonces, prioricémonos.

5. Llora todo lo que necesites.

Las lágrimas actúan como un analgésico natural. En estos momentos de dolor, es común que sintamos la necesidad de expresarlo llorando. Hazlo. Puede que sintamos como síntoma de debilidad o pérdida de integridad, entre otras cosas, el hecho de ponernos a llorar cuando estamos pasando por una ruptura. Sin embargo, si no lloramos cuando lo necesitamos, podemos aumentar los sentimientos negativos y la rumiación, no liberamos el dolor y no permitimos su paso, dificultando la aceptación y el desahogo y retrasando el duelo y el momento de dejar ir la relación y la persona, no liberándonos del dolor y de una relación que ya no existe. Pero si sentimos la necesidad de llorar, aceptémosla y hagámoslo. Es un punto necesario para la aceptación de la situación y nos ayuda a que poco a poco vaya dejando de doler (entre otras cosas, gracias a la acción analgésica de las propias lágrimas), acelerando así el proceso de duelo.

6. Escribe: en notas, en un cuaderno, un diario…

Si lo necesitásemos, podemos ir escribiendo nuestros sentimientos cada vez que lo consideremos necesarios para desahogarnos. Pueden sobrepasarnos los momentos de dolor, de frustración, los reproches que no llegamos a hablar con nuestra expareja, etc., incluso podemos sentirnos aturdidos por la situación. Por ello, expresar nuestras emociones y pensamientos de forma escrita, ayuda a recalibrar la situación, ayuda a ordenar nuestros pensamientos y nos ayuda a desahogarnos –sin necesidad de expresar nuestro dolor a nuestra expareja, lo cual puede provocar un conflicto que se perpetúe en el tiempo-. Por lo tanto, este paso puede servirnos como vía de escape ante las emociones negativas que no queremos compartir o que consideramos que es mejor no hacerlo. Al mismo tiempo, aumentamos el procesamiento cognitivo, aumentando emociones positivas tales como empoderamiento, felicidad, optimismo, comodidad, confianza, alivio, agradecimiento y satisfacción, reduciendo así síntomas depresivos que pueden darse en este proceso.

7. No busques a alguien a quien culpar.

No sirve de nada pensar en quién lleva la culpa, eso sólo lleva a fomentar el estado depresivo de la ruptura y a engañarnos con historias que pueden no ser ciertas. Sí que podemos  intentar comprender qué es lo que ha pasado, qué es lo que ha llevado a que la relación se haya roto y qué es lo que no nos ha gustado o querríamos cambiar respecto a futuras experiencias, a modo de aprendizaje. Pero no te martirices. Sea como fuere, sea por la razón que sea, no busques más explicaciones que las que puedes tener, porque lo cierto es que la relación ha terminado, y ninguna otra explicación va a cambiar ese hecho. Podéis responsabilizaros los dos de esa ruptura, puede ser decisión de una de las partes o puede haber existido algún tipo de deslealtad, pero más allá de comprender la situación, no es necesario buscar culpables, y más donde no los hay. Dejemos marchar a esa persona, aceptemos la situación e intentemos recomponernos.

8. Un clavo NO saca otro clavo.

Cuando tomamos la determinación de empezar una relación nueva, debemos tener claro de que ésta no supone un parche con respecto a la relación que hemos dejado atrás –como suele pasar con las relaciones esporádicas–. Por ello, se suele aconsejar no comenzar pronto una relación nueva: con probabilidad no va a tener éxito. El hecho tiene su explicación en que, cuando somos nosotros los que tomamos la iniciativa de romper nuestra relación, si comenzamos de forma muy seguida otra, puede que no estemos dejando espacio al proceso de duelo, dificultando la entrega emocional total hacia nuestra nueva pareja y quedándonos enganchados a situaciones pasadas y a expectativas de nuestra relación anterior. Por el contrario, cuando nos han dejado probablemente no queramos comprometernos con otras personas ya que nuestro foco de atención va a seguir durante un tiempo en nuestra expareja.

RUPTURA PARTE I: EL DUELO Y SUS EFECTOS

La definición de ruptura es imposible entenderla sin destacar el concepto de pareja. Existen muchas definiciones de diversos autores, pero todas destacan en que es una unión de dos personas, dos personas que viven ciertos pasos de forma entrelazada, dos personas que comparten su vida. Por ello, la ruptura de una relación de pareja se puede considerar la propia ruptura de ese vínculo, la división de esa unión.

Cada ruptura es una historia. Cada ruptura es un mundo. El cómo nos afecte depende de muchos factores: de la edad, del tipo de relación que hayamos tenido, del grado de compromiso, de porqué se ha tomado la decisión de terminarla, de las expectativas que tengamos con el proceso y de nuestras propias características personales, entre otras cosas. Cuando terminamos la relación con la que era nuestra pareja, todos los planes de futuro que teníamos –y en los que contábamos con él o ella– se desmoronan, y todas las experiencias vividas se empiezan a añorar. Tenemos que reconstruirnos, tenemos que empezar a volver a ver nuestra vida sin esa persona y acostumbrarnos a avanzar sin ella. Nunca es un proceso fácil. Y este proceso, considerado un duelo, tiene las siguientes etapas: negación, negociación, enojo, depresión y  aceptación.

El duelo, el cual se da al romper una relación, consta de las etapas de negación, negociación, enfado, depresión y, finalmente, aceptación.

Así mismo, se puede dar como consecuencia pérdida de autoestima, pensamientos reiterados y una dificultad general para recuperar el bienestar general.

¿Qué efectos tiene una ruptura en nosotros?

Las rupturas se consideran un factor precipitante de estrés físico y emocional que, de forma curiosa, puede llegar incluso a darse en Síndrome del Corazón Roto, que se define por un falso ataque cardíaco asociado a las rupturas y que, curiosamente, se da de forma mayoritaria en mujeres. Así mismo, se asocia incluso con el cambio del sistema inmune del cuerpo humano.

Aun así, es destacable el hecho de que varios autores asocian el bajo concepto de uno mismo con la dificultad para recuperar el bienestar general después de la ruptura. También, se asocia a esa dificultad la duración de la relación, ya que contra más tiempo hayan pasado juntos, más recuerdos se tienen y más difícil es evitar recordarlos. Sin embargo, las personas se recuperan mucho mejor cuando son quienes toman la determinación de terminar la relación, cuando poseen un buen apoyo familiar/social y cuando se deja de tener contacto con la expareja. Por el contrario, las personas que son dejadas suelen sentir más emociones de depresión, pérdida de autoestima y pensamientos reiterados sobre la situación.

Ante esta situación, existen una serie de pautas que podemos tomar en consideración para sobrellevar mejor el duelo. Llorar cuando lo necesitemos, aceptar los sentimientos que suscita la ruptura, mantener la mente y nuestro tiempo ocupado o no tener contacto con nuestra expareja, son aspectos que se deberán tener en cuenta a la hora de afrontar la ruptura, los cuales explicaremos mejor en las siguientes entradas sobre la ruptura.

PERSONALIDAD NARCISISTA: ¿AUTOESTIMA ALTA?

En la sociedad actual, nos encontramos frente a una estereotipación del ser humano narcisista como una persona manipuladora, egocéntrica, con una fuerte creencia de superioridad, totalmente arrogante, crítico, superficial y con gran ambición. Todo ello suele acompañar al pensamiento de que estas personas, en conjunto a su sentimiento de superioridad, tienen una autoestima alta, sintiéndose las personas más validas del mundo. Pero, ¿qué hay de cierto en esto?

Es importante destacar los aspectos reales de una personalidad narcisista, visto a grandes rasgos, ya que no existe un único prototipo de persona narcisista, al igual que no hay dos personas iguales en el planeta.

¿Cuál es la realidad?

“Las personalidades narcisistas tienen un profundo sentimiento de inferioridad y una insaciable necesidad de autoestima, además de un gran sentimiento de insatisfacción y vacío“.

Las personas con personalidad narcisista, generalmente, son personas con aires de grandeza, ambiciosos, focalizados en conseguir grandes logros. Suelen tener una imagen de sí mismos muy idealizada, lo que les lleva a rechazar cualquier característica que otras personas puedan atribuirles y vaya en contra de esa imagen que ellos mismos piensan que tienen. Pueden ser grandes seductores, siendo ellos mismo conscientes de este hecho, utilizándolo para conseguir la reputación y la popularidad que anhelan, objetivo primordial en su vida.

Emocionalmente, suelen carecer de empatía, tienen dificultades para desarrollar la capacidad de amar y la capacidad de preocupación por el sufrimiento ajeno, mostrando sentimientos superficiales y necesitando que les proporcionen admiración constante, hasta tal punto de sentirse inquietos y aburridos cuando no tienen fuentes de satisfacción. Por esta misma razón, suelen idolatrar a personajes lo suficientemente famosos que despierten el interés social, la admiración y los beneficios que conlleva –no por sus cualidades-, pero no tan famosos como para despertar su envidia. Y es que, este tipo de personalidades, suelen envidiar a todos los que tienen esas cualidades que ellos mismos quisieran tener –y no tienen–, siendo un aspecto que no reconocerían nunca por el daño que podría suponer hacia su propio self. Asimismo, puede parecer que son dependientes de otras personas por la constante necesidad de admiración, algo que tampoco admitirían nunca.

Socialmente, pueden estar integrados con totalidad, aunque la falta de empatía y la necesidad de admiración no les hagan entender del todo bien el entorno que les rodea, dificultando su integración. Las relaciones que se generan son de explotación y parasitismo, las cuales esconden bajo una máscara de amabilidad y encanto. Suelen idealizar a las personas que les pueden dar las gratificaciones que buscan, pero utilizan y desprecian a los que no, haciéndoles de menos. Por eso, cuando buscan sentirse superiores a los demás, devalúan sus cualidades y desvaloriza lo que reciben o hacen por ellos, considerando que es algo que “les deben”.

Sin embargo, a pesar de tener una imagen idealizada de sí mismos, estas personas tienen un profundo sentimiento de inferioridad y una insaciable necesidad de autoestima, lo cual pretenden compensar o esconder de alguna manera.

Lo cierto es que, a pesar de que las personas con personalidad narcisista puedan estar integrados con éxito en la sociedad y que podamos verlas con un amor propio muy alto, son personas con  un gran sentimiento de vacío e insatisfacción.

El mono de la ruptura

¿Se puede ser adicto a una persona?

¿Se puede relacionar la adicción al enamoramiento? ¿Pueden tener el amor y la adicción algo que ver? ¿Y qué pasa con el desamor y la adicción?

La mayor parte de la población se ha enamorado en algún momento de su vida y han sentido ese estado de felicidad, euforia y alegría, donde se siente una gran atracción hacia la persona, queriendo compartir infinidad de momentos con ella. 

Lo cierto es que científicamente se entiende que este proceso, al menos en un primer momento, depende de la química cerebral del organismo, y que se sustenta en la liberación de ciertos neurotransmisores que harían un efecto parecido al de ciertas drogas.

Para entender la situación, debemos ver a la dopamina (liberada a través de la feniletilamina) como ese neurotransmisor que se secreta, entre otros procesos del cuerpo del ser humano, cuando se produce el enamoramiento, al igual que se secretan serotonina y oxitocina. Pero, ¿qué son estas sustancias orgánicas para que se relacionen en el proceso?

La Oxitocina es la hormona que se relaciona con los procesos de unión y confianza. Esta hormona se segrega cada vez que damos abrazos o proporcionamos pequeños detalles al otro como las caricias o cogerse de la mano, así como durante el sexo en grandes cantidades cuando se produce el orgasmo. También es esa hormona que se suministra en los partos y la cual se relaciona con el vínculo que se genera entre madre e hijo.

A más contacto, se produce más oxitocina y, por lo tanto, más unión y confianza.​

Por otro lado, tenemos la serotonina, la cual se relaciona con la felicidad, el optimismo y el buen humor. Sin embargo, cuando suceden en nuestra vida ciertas cosas que podríamos considerar tristes, que son malas noticias, nos preocupamos o nos enfadamos con alguien, la secreción de serotonina, es decir, su liberación en el organismo, se inactiva y disminuye. Este aspecto implica que cuando no liberamos serotonina se aumentan síntomas propios del desamor como la obsesión o los estados de ánimo bajos e incluso depresivos.

Y finalmente, llegamos al protagonista de este juego, la dopamina. Este neurotransmisor se relaciona con el placer, liberandose cuando se realizan juegos, cuando comemos, cuando tenemos relaciones sexuales, cuando consumimos algún tipo de droga y, cómo no, con el amor cuando nos enamoramos

Entonces, ¿se puede relacionar el amor a la adicción?

Más allá del significado social que le damos a la palabra amor, la respuesta es sí, gracias al placer, gracias al sistema de recompensa.

Al final, con estas tres sustancias del cuerpo humano, se activa el sistema de placer: Al generarse situaciones placenteras se libera oxitocina, lo cual activa la liberación de dopamina, arrastrando a la serotonina ya que de por sí se activa ante estímulos placenteros o felices. Y si lo resumimos de forma general se podría entender por ejemplos como que si fumamos, comemos o si tenemos relaciones sexuales se produce placer, el cual a su vez activa la liberación de dopamina y la cual nos lleva a querer más de ese placer y, por lo tanto, nos volvemos adictos. Lo mismo sucede con el enamoramiento.

Y ¿cómo afecta en las rupturas?

Llega un momento en el que nuestro cuerpo se habitúa a las hormonas que liberamos en el enamoramiento. Este aspecto, sumado a diferentes aspectos culturales, valores, creencias y expectativas, puede generar en la persona cierto nivel de frustración cuando su relación se ha terminado. Entonces, al no estar ya con esa persona se dejan de liberar esas sustancias que nos generan placer, llevando a la persona a sufrir ‘bajones’, a sentir el ‘mono’ y a empezar a obsesionarse con ciertos aspectos de la relación pasada, como ocurre al dejar de consumir cualquier droga o sustancia. 

Ver una simple foto de la persona que queremos hace que nuestro organismo libere dopamina. No poder estar con esa persona, no poder tener nuestra ‘dosis’ diaria de lo que esa persona nos generaba, supone un sufrimiento emocional y psicológico. El proceso de enamorarse es pura química cerebral, y cuando éste se acaba podemos sentir las consecuencias.